Archivo de 2011

Nuevos vecinos

Aug 15

Tengo nuevos vecinos en la puerta de enfrente. Lo sé porque veo luz en su cocina. Y porque hay un nuevo apellido en el buzón. Y porque escucho la puerta cerrarse a deshoras. No tengo más datos. Una luz, un apellido, un ruido. Y lo cierto es que no sé si quiero saber más. Si quiero oler su comida, ver su ropa interior colgada, escuchar sus discusiones. Algo me dice que no.
Pero otro algo me dice que adelante.

Contar los muertos

Aug 03

Un momento en el que te sientas en un banco a la sombra, lo piensas bien, mucho y fuerte y llegas a la conclusión que aquellos a los que llamabas “los míos” y aquellos con los que hablabas de “los nuestros” han desaparecido.

La escena se completa con un balcón en el que alguien tiene puesto un aria de Wagner a un volumen suficientemente alto como para que puedas reconocerla. Sin saber nada de ópera. Por alguna razón siempre tuviste cierto cariño al Tannhäuser.

Realmente es lo que piensas. Que lo has conseguido. Has perdido. Nunca hubo ninguna posibilidad de que ganaras. Cuenta los muertos. Los tuyos. Los de él. Cuéntalos y cuéntatelos. Uno a uno.
Es una manera de seguir viviendo.

Para dos

Jun 19

Llevo meses compartiendo piso con mi amigo imaginario esquizofrénico. Hoy es banquero, mañana político, pasado futbolista de regional preferente. A este le gustaría que fuéramos más al monte (más bien, que fuéramos ALGO al monte), el otro se empeña en que pasemos una semana en París. Siempre les digo que “ya veremos”, mientras deconstuyo una cena a base de ensalada de bolsa y queso de Burgos light, por eso de que preparar para dos pero comérmelo yo sola, no me lleve al sobrepeso. Al sobrepeso moral.

Himno generacional

Apr 20

La secuencia es la siguiente:

Expectativas → Imposibilidades → Frustración → Absurdas envidias → Ira → Depresión

Así he visto hundirse a algunos de los cerebros más brillantes de mi generación.

Abandonados al azar

Apr 03

Hoy he encontrado un libro metido en un plástico. Estaba sobre un banco, mojándose. El plástico, que no el libro. He mirado a mi alrededor y no había nadie. Parecía haber sido abandonado intencionadamente para que alguien lo cogiera. Alguien que no creyera mucho ni en el azar, ni en la suerte, ni en las casualidades. Para que le estuviese bien empleado. Para darle una lección.
Bien, pues ese alguien he sido yo.