Piensas en esos conocidos de tus padres que envejecieron allá por los cincuenta (los años cincuenta, se entiende) y que llevan repitiendo las mismas operaciones, día tras día, año tras año. Piensas en tus padres y los sobresaltos. Piensas en ti. En lo que te rodea. En lo que eres y en lo que serás si sigues así. Hay días en los que te gusta y otros, en los que sencillamente se te hace insoportable. Pero forma parte de esa foto que te sacas cada día, en la que siempre pareces un poco distinta.

Escribe tu comentario