Esta entrevista se la hice a cierto artista de la canción durante una noche de insomnio.
Recuerdo que la última y única vez que te vi, estuviste más de dos horas en el escenario (o eso me pareció).
Y eso que ya tengo una edad, pero la gente estaba entregada y el recinto era el más atípico en el que he tocado nunca. Estaba a gusto, supongo que se notaba.
Eso que estaba al fondo, era un frontón.
Me lo contaron después, si lo llego a saber, hubiera hecho alguna broma. Pero no lo sabía, supuse que era alguna estructura extraña propia del país.
Sí, las estructuras extrañas son lo propio de este país. Dime, ¿qué tal anda el tuyo?
Oh, no lo sé. Hace tiempo que no vivo en él ni pago sus impuestos. Me fui porque no soportaba el clima ni el gobierno.
No sé por qué pero te entiendo. Y lo malo es que yo no le puedo escribir ninguna canción. Quizá es mejor así, seguro que me harían pagar por reproducirme a mí misma.
Creo que el tema de la reproducción, la copia, la piratería, son fruto de la incapacidad de entender los tiempos que corren con una mentalidad del siglo XX. Un siglo que ha democratizado la fama y el éxito tanto, que incluso le ha brindado la oportunidad de serlo a quien no lo merecía. Pero mucha gente vive instalada en ese sistema, gentes y gobiernos que los alimentan. Son como una pared, en la que rebota la realidad.
Como un frontón.
¿No le has llamado así a la estructura extraña?
Sí.
Va a ser que sí lo es. ¿Otro whisky?