Disculpen si me extiendo demasiado esta noche en la que tengo los ojos vidriosos…
Hace ya más de un año, un año y un mes, sufrí mi crisis de ansiedad. Este episodio, que para muchas personas no significa gran cosa, marcó un antes y un después en mi vida. De algún modo, ya no soy la misma persona. Ni lo volveré a ser. Y la lucha está en no necesitar volver a serlo. En vencer la nostalgia por no ser ya quien era. En pensar que tampoco merecía la pena seguir siéndolo.
Este ha sido un año muy duro, de pelea y rabia contenida cada vez que me volvía a encontrar mal. Ha sido un año de contradicciones, de caminos opuestos, de sentir una cosa y al segundo otra. De pensar y luchar por no pensar. Ha sido un camino lleno de cruces y rotondas en los que me encontraba totalmente perdida. La vida giraba y giraba y yo no le encontraba ningún sentido.
Poco a poco creo que lo he ido superando. Más allá de las soluciones farmacéuticas y las consultas con el psiquiatra. Sólo que después de la ansiedad, llegó cierto período de depresión. De hartazgo y pérdida de ilusiones. Un período de agachar la cabeza y seguir funcionando como si fuera una tonta útil. Que es como me siento a veces.
Queda un día para que finalice el año y de nuevo me encuentro en la encrucijada. Pero esta vez, es diferente. Ya no quiero dar más pena. No quiero más protección. Ni nada. No quiero poseer ni sentirme poseída. Quiero fluir. Escribir. Y equivocarme. Caer y volver a levantarme. Ser más madura, más serena. Voy a cumplir los treinta y sé que nada es para siempre. Y es mejor así.
Espero que este 2008 que empieza, sepáis vivirlo con intensidad. ¡Mucha mierda a todos!