Archivo de ‘realidades’

La vida sostenible

Nov 24

Las palabras van y vienen. Hace un tiempo la palabra de moda fue la calidad. Con sus ISOs y sus Qs de plata, de oro y de hojalata. Luego, nos olvidamos de ella y pasamos a la innovación, el dospuntocerismo y lo que los sabios del lugar, reconocen como cancamusa. Es decir, el mucho ruido y pocas nueces. Pero antes de todas estas palabras, voló por el aire la palabra “sostenibilidad”. Aquella palabra estaba llena de buenas intenciones, mucha ecología, mucho bienestar, pero poca práctica.

Ahora, el gobierno de Zapatero (que parece más Zapatero que gobierno) la recupera con su plan de Economía Sostenible que quiere cambiar el modelo económico, pasando del ladrillo a no se sabe muy bien qué. Todo con mucha calidad y mucha innovación. Pero todo eso, con el recorte del presupuesto en estas partidas, resulta una pirueta cuando menos, curiosa.

En manos queda del ciudadano de a pie, ese que asiste perplejo a las decisiones y las ideas de quien lo gobiernan, sacar esto adelante.  Que no está mal que sea así. Porque está en manos de ellos que toda esta vida que nos ha tocado vivir. Lo de los gobiernos, los estados, las naciones… cada día se sostiene menos.

Alertas y alarmas

Sep 19

A raíz de este artículo de Índica (que no tiene mucho que ver, habla del diseño de emociones) me he acordado de algo a lo que le doy vueltas desde hace ya un tiempo. Es la constante sensación de alarma social y alertas varias que vivimos. Supongo que todo empieza tras el 11S. Tuvimos el Anthrax. Pero nadie se imaginó el 11M. Tenemos la gripe A. Pero todos los años, la contaminación se lleva a bastante más personas por A o B. Supongo que, mientras vivamos en la era en la que la información es poder (y poder absolutista), no nos libraremos de ello.

Durante estos últimos días, hemos vivido en alerta roja por un temporal. Soy consciente de que en otros lugares de la península ha sido importante, con lamentables y trágicas consecuencias. Pero os puedo asegurar que en esta pequeña esquina del mundo, durante mi infancia, he vivido lluvias peores. Y no había alertas ni alarmas. Simplemente llovía a mares.

La conspiranoica que llevo dentro me dice que todo esto tiene un porqué.  Y es que si se considera desde un principio como situación límite, cualquier error de gestión de la situación queda a priori disculpado. “Es que estábamos en alerta roja total”. Claro. Pero sin embargo, se sigue sin hacer nada por tener un mejor alcantarillado en aquellas zonas de España que todos los años tienen esta cantinela de las inundaciones y las riadas. Se culpa al cielo, pero quizá el problema esté en el suelo.

Los agnósticos

Aug 29

Ayer recuperé mi sentimiento de distancia frente a la liturgia de iglesia católica. Primero porque han adoptado los Power Point con más bien, poco gusto. Segundo, porque su discurso es menos fluido, cualquier otra cosa. Y finalmente, porque bueno, siendo agnóstica como soy y respetando a los creyentes como respeto (y en cierto modo, envidio), ese sentimiento no es recíproco. El cura trata a los agnósticos como si fuéramos unos desgraciados. Es su papel, lo sé. Pero si piensa que así me va a convencer que Dios existe, mal vamos. Seguiré dudando como he dudado hasta ahora. Ni creeré ni dejaré de creer.

En este mundo que parece basarse siempre en el “conmigo o contra mí”, el agnosticismo es un camino incómodo porque te llaman tibia o siempre pareces del bando opuesto. Y hablo de religión como puedo hablar de política, sociedad o lo que sea. Y entiendo que liturgia del mundo es la que es. No me santiguo pero tampoco hago un corte de mangas.

Aunque tanto unos como otros se lo merezcan.

Los contratos de permanencia

Aug 16

Yo, que siempre quise huir del matrimonio, la hipoteca y el trabajo para toda la vida, sin embargo, vivo con las ataduras de los contratos de permanencia y los servicios caros y nefastos. ¿Será posible tanta maldad? ¿Tan triste sino? ¿Tan ineludible devenir?
Me temo que no.

Reuniones y agilidades

Jul 13

Reconozco que soy una chica más de acción que de gestión. Por eso el tener una reunión cada día de esta semana (salvo el viernes) me pone un poco nerviosa.
Las reuniones sirven, en teoría, para intercambiar pareceres, presentar cosas y tomar decisiones. Pero muchas veces, con ese ansia que tenemos todos de dar respuestas brillantes al instante, construimos pareceres improvisados y tomamos decisiones al tun tun.
Cada vez tengo más claro que la agilidad no está reñida con un “déjame un tiempo para que lo piense”. Y no por ello uno es más ineficaz.
Sino más prudente.