Archivo de ‘textos’

Huevo duro

Jul 14

Cada noche, sentada en su sofá, ella cenaba un huevo duro porque le recordaba a él. A aquel chico con cáscara y caparazón que nunca llegó a conocer demasiado pero que tantas veces imaginó. Algunas noches sentía la tristeza de quien añora las cosas que jamás le ocurrieron. Esas noches envolvía aquel huevo duro en un abrazo de jamón de York.

Repentina presencia

Apr 14

Abrió el frigorífico y encontró una cebolla, un pimiento y una loncha de queso que conversaban entre sí. Se sintieron molestas ante su inesperada presencia. Un instante después, lo ignoraron.

Volvió a la habitación algo contrariado. Y allí estaban su sombra en la pared y su reflejo en el espejo. Quiso hablar pero no supo iniciar la conversación. Lo hizo su sombra. Siguió el reflejo. Y él… Él también contestó.

De repente, el recuerdo de ella entró en la casa y le susurró al oído, le cogió la mano, lo miró a los ojos.

Y él… él se sintió molestó ante su inesperada presencia.

Un instante después, la ignoró.

Idea de hogar

Feb 06

Pensó que la vida era algo lo suficientemente raro como para que mereciera la pena ser vivido. Que era un cruce de carreteras y casualidades en la que los semáforos a veces funcionan y a veces no. Pero no parece importar demasiado. Se encontraba a punto de llegar a lo que podía llamar su hogar. Y sin embargo, la cosas parecían cambiar constante de sitio. Y así supo que lo que creía que era una casa no era más que una idea tonta. Una más que la educación y las conversaciones ajenas del transporte público le habían metido en la cabeza.
No valía nada más.

Vivir el presente

Dec 06

Hay personas que tienen serios problemas para vivir el presente. Algunas viven ancladas en el pasado. Otras, bajo el yugo de un futuro que está por llegar y que vaya usted a saber cómo va a ser. Bien, yo soy de ese último tipo de personas. De las que temen el futuro. De las que siempre piensan lo peor. De las que visualizan lo años venideros como el infierno de Dante, pero en vida. De un modo apocalíptico. Tengo miedo a la enfermedad, la soledad no deseada y a la muerte. Y sobre todo, tengo pánico a la tristeza. A que todo aquello que vendrá, sea como sea, no me guste.

Eso me impide vivir el presente. Un presente del que no me puedo quejar, más bien todo lo contrario. Tengo un trabajo que me llena y me satisface enormemente (salvo cuando nos tocan las narices al bueno de Goio y a mí). Unos amigos que ni me los merezco. Una familia que es especial y genial a partes iguales. Y sin embargo, yo les respondo con una carácter cada día más amargo, triste, preocupado.

Vivir así no es vivir. Es morir lentamente. Y eso es lo que me está pasando.

El primer paso era reconocerlo y decirlo en alto.

El siguiente debe ser dejar de hacerlo.

Y vivir. Vivir de verdad.

PD: Este es el post más sincero que he escrito en mucho tiempo. Disculpen las molestias.

Cada día

Sep 12

Piensas en esos conocidos de tus padres que envejecieron allá por los cincuenta (los años cincuenta, se entiende) y que llevan repitiendo las mismas operaciones, día tras día, año tras año. Piensas en tus padres y los sobresaltos. Piensas en ti. En lo que te rodea. En lo que eres y en lo que serás si sigues así. Hay días en los que te gusta y otros, en los que sencillamente se te hace insoportable. Pero forma parte de esa foto que te sacas cada día, en la que siempre pareces un poco distinta.