Archivo de ‘textos’

La palabra

Dec 31

Maneja el teléfono móvil de manera nerviosa. A veces se le escurre entre los dedos. A veces se le cae. Ha perdido toda la tarde esperando una palabra suya. Una palabra breve y sonora. No, no ha perdido toda la tarde. Ha perdido toda la vida. Escuchando el eco imaginario. La grafía inexistente. El aliento improbable de esa palabra corta y concisa.
Ese, “voy” que ahora apenas tiene sentido.

El tren

Dec 27

Hace años que no venías por aquí pero todo sigue igual. Hace el mismo frío. Quizá sea algo más húmedo esta vez. Y tú tienes más años, lo cual no quiere decir que sepas más. De hecho, sabes menos. Sabes poco y mal. Tienes la sensación de que todo está donde lo dejaste aquella vez. Papeleras, colillas y despedidas, todas están como cuando te subiste a aquel tren que no iba a ninguna parte y por el que no miraste atrás. Ahora sí miras atrás. Y también miras a tu alrededor. Y miras a las vías, que esperan el roce cálido de las ruedas. Y miras al jefe de estación, cuyo uniforme deja entrever pequeñas manchas de ginebra y frustración.
Dicen por la megafonía que el tren se va a retrasar.

La pared

Dec 24

Esta mañana me he encontrado con una pared. Fría e indiferente. Ha llamado a mi puerta, ha subido las escaleras y aquí ha estado, en mi sala. No se ha sentado. Yo tampoco. Hemos estado de pie los dos, frente a frente, hablando sin decirnos nada. Luego, me ha dicho que tenía prisa y se ha marchado, como se marchan las paredes. Sin que jamás logre entender por qué se van.

Las agallas

Dec 11

Te pasas las noches mirando caras de desconocidos. Miras las fichas resumidas de sus vidas. Sus gustos. Sus deseos. Algunos de ellos tienen aspecto de asesinos en serie, pero probablemente no tengan las agallas para serlo. También podrían ser víctimas. Podrían ser tus víctimas. Podrías intentar seducirles, llevarles a tu terreno y partirles la vida con ese cuchillo que compraste el otro día (y con el que tan finamente cortas la cebolla) y que aún está perfectamente afilado. Pero a ti también te faltan las agallas para hacerlo.

Huevo duro

Jul 14

Cada noche, sentada en su sofá, ella cenaba un huevo duro porque le recordaba a él. A aquel chico con cáscara y caparazón que nunca llegó a conocer demasiado pero que tantas veces imaginó. Algunas noches sentía la tristeza de quien añora las cosas que jamás le ocurrieron. Esas noches envolvía aquel huevo duro en un abrazo de jamón de York.