Cada noche, sentada en su sofá, ella cenaba un huevo duro porque le recordaba a él. A aquel chico con cáscara y caparazón que nunca llegó a conocer demasiado pero que tantas veces imaginó. Algunas noches sentía la tristeza de quien añora las cosas que jamás le ocurrieron. Esas noches envolvía aquel huevo duro en un abrazo de jamón de York.

3 comentarios en “Huevo duro”
Regina
14/07/2010
Yo soyun huevo duro. Una vez alguien intentó abrirme (cascarme suena mal) y se asustó y se fue. No sé si es demasiado bueno abir los huevos duros, igual mejor que lo hagan por su cuenta. Si nunca consiguen romper la cáscara… una pena.
Iñaki Iñarra
06/08/2010
Me parece fantástico y brillante…no lo puedo parar de leer una y otra vez. Me genera una mezcla entre tristeza y ternura que me encanta.
Gracias.
almu
23/08/2010
Vaya. Pues yo que ceno huevo duro muchas veces, a partir de ahora prometo echar de menos a alguien cuando lo haga.
Me ha encantao. El huevo duro y el post
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