Las inercias

Oct 30

Aún recuerdo cuando el teléfono tenía un dial y podías pensarte mejor eso de llamar a alguien. Podías pensar en hacerlo o no mientras empujabas el disco y dejabas que la inercia hiciera regresar a tu dedo a su posición original. Tenías ese tiempo, ese instante. Podías pensártelo dos, tres, hasta nueve veces. Lo cierto es que no te lo pensabas. Siempre acababas llamando a quien no querías y ya no soportabas pero seguías preguntando “qué tal estás”. Eras tú, como tu dedo, quien en su inercia, regresaba.

Escribe tu comentario