samurais
Oct 14
Después de más de año y medio, hoy termino el tratamiento que me pusieron tras mi crisis de ansiedad. Este final me llega en mal momento para mis nervios, es cierto. Soy de esas muchas personas afectadas por el morro que le están echando los dueños de los pisos en alquiler a esto de la crisis. Vivo en un piso compartido que no se declara a hacienda y encima me suben de golpe y porrazo 300 euros, en nombre de la “vida achuchada”.
Como dice mi compañera de piso, el jueves que volvemos a hablar con el casero “nos jugamos la temporada”. Irnos de esa casa es la última opción que contemplamos. Y pedir en negro 1100 euros (1180 quería en un principio) por una casa que ni lo vale ni lo desgrava, es ser un especulador como cualquier otro.
Es una cuestión de código ético samurai. Es hora de empezar a decir “hasta aquí hemos llegado”, tanto al dueño de mi piso como a la dueña de mi cabeza que, casualmente, soy yo.
