Al contrario de lo que dice la máxima jesuítica, Rodríguez Zapatero ha decidido hacer mudanza en época de crisis y encasquetarnos un cambio de gobierno que ha levantado más ruido que nueces. El fichaje más mediático, es también el más polémico: Ángeles González Sinde. Un caso que demuestra que para llegar a ministra, no hay que empatar contra muchos. O sí.
Me he reservado unos días para la reflexión sobre lo que significa el nombramiento de alguien que firmó el bochornoso manifiesto por la lengua común y que no se entera de qué va la historia y lo que debería ser el panorama actual de la cultura. Que no ha entendido que se acabó la fiesta, en esto también, y que las reglas del juego han cambiado.
Es curioso, hace un tiempo en la cultura (o lo que se denominaba cultura), estaba la vanguardia de las ideas. Hoy, está el retraso, lo decimonónico y un cierto glamour decadente que da más pena que gloria. Es un ministerio que yo creo que no tiene ningún sentido y que carece de dignidad desde que tengo memoria. La cultura no debe ser regida ni protegida por el poder. Ni por asomo. Porque deja de ser libre y crítica. Pero, bueno, esas son estupideces mías.
Recuerdo que hace unos diez años, quise ser guionista de cine. Estuve en Madrid intentando serlo pero pronto me volví. Afortunadamente dimití en mi empeño (porque no valía para ello ni había ninguna puerta abierta para entrar) y me reinventé, me reinventé tanto, que he acabado en un mundo que me gusta más, me parece bastante más creativo, y además, aun siendo más intangible, es más real. El de la tan temida tecnología.
Mirar a González Sinde, es como mirar a una Regenta caduca, que me asusta, porque es joven y vieja a la vez. Es joven y vieja y no vive aquí. Vive en otro lugar. Quiere vivir en Francia tan centralista ella y con ese cine (que a mí me gusta) tan de autor y con una ley tan inaplicable como la Hadopi (tan inaplicable que ha sido rechazada por el parlamento). Pero esto no es Francia (y te lo digo yo que estoy cerquita). Ni Francia es el ideal (en este caso, es el ilegal).
Ay chica, lo cierto es eres ministra en España, que las está pasando canutas (también) y que cuando más se necesita el arte y la cultura (en tiempos difíciles), más se lo quieres negar. La cultura no es gratis, pero tampoco es negocio. La cultura no puede ser 9 euros por una película que no vale un pimiento y que ha sido subvencionada por el Estado (es decir, que ya la he pagado una vez) no se sabe bajo qué criterios de selección. Las salas se vacían pero no solamente por la piratería, sino por la falta de buenas historias. Porque para ver una sinsorgada, prefiero repasar los sketches de Monty Python que ellos mismos han puesto en YouTube.
Los escritores hace tiempo que se dieron cuenta de que muy pocos llegaban a vivir de ello (más que nada porque la gente no lee). Y asumieron que era así. Que tenían que ser profesores, naturópatas, cajeros, o vaya usted a saber. Y que eso hasta tiene sus ventajas literarias (además de comer caliente todo el mes).
El resto, tendrá que aprender porque poner vallas al campo, como que no.
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