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Hay que indignarse más: la Ley Sinde

Mar 19

Si no os habéis enterado ya, yo os lo digo: el gobierno de español nos ha encasquetado la Ley Despropósito Sinde. Una ley que además de atentar contra las libertades individuales, el derecho a la información y a la cultura y vaya usted a saber contra qué más, supone un atraso social por el que España tiene un gusto preocupante desde hace ya lustros. Todo ello enmarcado y empaquetado con lazo en una propuesta que no sin cierto valor y escaso pudor han llamado “Economía Sostenible”. Y que lo único que sostiene es la oligarquía y el chiringuito de los que siempre han mandado y que mientras se sigan permitiendo cosas así, seguirán destrozando el país, a golpe de ladrillo, mediocridad y funcionariado a tutiplén.

Las primeras medidas de protesta contra la Ley las han protagonizado los dos sitios web de referencia para muchos de los que amamos la ficción cinematográfica y televisiva. El cierre de estos sitios durará 24 horas que nos sirven de aperitivo para lo que parece que nos viene encima. Un apagón.  Adiós a mis noches en versión original subtitulada.

¿Y qué atractivo puede tener para las inversiones en tecnologías de la información y la comunicación un país al que hasta Google le ha añadido la marca de la censura? (aunque luego rectificara, como siempre se hace en estos casos). Ninguno.  ¿Qué atractivo tiene un país en el que se gobierna a golpe de favores devueltos, en el que la oposición ni está ni se le espera y en el que los medios de comunicación son de lo más servilista? Ninguno. Así se pretende cambiar el modelo económico. Ver para creer.

En el último año se ha consumido (y pagado y subvencionado y vuelto a pagar) más cultura que nunca. Con la nueva ley se pretende fomentar la creación de lugares donde las descargas sean legales (y pagadas y subvencionadas y vueltas a pagar). Todo un alarde de visión empresarial. ¿Como el portal que costó 737000 euros de las arcas públicas quizá?

Que conste que nos soy partidaria de que todo sea gratis. Pero sí de que sea libre. En este sentido estoy de acuerdo con Marc Vidal en la diferencia entre uno y otro término. Si la industria de la cultura (vaya cosa eso de industria y cultura en un mismo término) no ha sabido adaptar su modelo de negocio a los tiempos que corren, no es culpa mía ni de Seriesyonkis ni de Cinetube. Es responsabilidad suya y con su pan se lo deberían comer, por paquetes. Pero no, su mediocridad la pagamos todos siendo hoy con esta Ley, más ignorantes o lo que es lo mismo, siendo menos libres.

Lo vengo diciendo últimamente a quienes les toca soportarme en el día a día (y que cada vez son menos, claro). Hay que indignarse más. No soy de partidos ni de manifiestos. Soy una individualista recalcitrante y esta es mi indignación personal e intransferible. Pero indignación al fin al cabo. Quizá sea la primera de muchas (y muchos posts de una serie). Quizá se empequeñezca en la pataleta de un día de fiesta.

Pero me quedo más tranquila.

La vida sostenible

Nov 24

Las palabras van y vienen. Hace un tiempo la palabra de moda fue la calidad. Con sus ISOs y sus Qs de plata, de oro y de hojalata. Luego, nos olvidamos de ella y pasamos a la innovación, el dospuntocerismo y lo que los sabios del lugar, reconocen como cancamusa. Es decir, el mucho ruido y pocas nueces. Pero antes de todas estas palabras, voló por el aire la palabra “sostenibilidad”. Aquella palabra estaba llena de buenas intenciones, mucha ecología, mucho bienestar, pero poca práctica.

Ahora, el gobierno de Zapatero (que parece más Zapatero que gobierno) la recupera con su plan de Economía Sostenible que quiere cambiar el modelo económico, pasando del ladrillo a no se sabe muy bien qué. Todo con mucha calidad y mucha innovación. Pero todo eso, con el recorte del presupuesto en estas partidas, resulta una pirueta cuando menos, curiosa.

En manos queda del ciudadano de a pie, ese que asiste perplejo a las decisiones y las ideas de quien lo gobiernan, sacar esto adelante.  Que no está mal que sea así. Porque está en manos de ellos que toda esta vida que nos ha tocado vivir. Lo de los gobiernos, los estados, las naciones… cada día se sostiene menos.

Alertas y alarmas

Sep 19

A raíz de este artículo de Índica (que no tiene mucho que ver, habla del diseño de emociones) me he acordado de algo a lo que le doy vueltas desde hace ya un tiempo. Es la constante sensación de alarma social y alertas varias que vivimos. Supongo que todo empieza tras el 11S. Tuvimos el Anthrax. Pero nadie se imaginó el 11M. Tenemos la gripe A. Pero todos los años, la contaminación se lleva a bastante más personas por A o B. Supongo que, mientras vivamos en la era en la que la información es poder (y poder absolutista), no nos libraremos de ello.

Durante estos últimos días, hemos vivido en alerta roja por un temporal. Soy consciente de que en otros lugares de la península ha sido importante, con lamentables y trágicas consecuencias. Pero os puedo asegurar que en esta pequeña esquina del mundo, durante mi infancia, he vivido lluvias peores. Y no había alertas ni alarmas. Simplemente llovía a mares.

La conspiranoica que llevo dentro me dice que todo esto tiene un porqué.  Y es que si se considera desde un principio como situación límite, cualquier error de gestión de la situación queda a priori disculpado. “Es que estábamos en alerta roja total”. Claro. Pero sin embargo, se sigue sin hacer nada por tener un mejor alcantarillado en aquellas zonas de España que todos los años tienen esta cantinela de las inundaciones y las riadas. Se culpa al cielo, pero quizá el problema esté en el suelo.

cachitos

Jul 19

El otro día, y gracias a mis lecturas matutinas de Kurt Vonnegut, pensé que si cortáramos todos los Estados en pedazos pequeñitos y dejáramos de llamarlos Estado, quizá todo esto tuviera algún remedio.

colmillo

Mar 31

Mira tú qué bien que el Partido Popular ha puesto una chavala al micrófono de su fantástico partido y ponen cara de fantásticos todos (en eso son fenomenales) y por detrás, tuercen el morro y dicen que no está preparada, que le falta “colmillo” y que tal y cual, Pascual.

Soraya Sáenz de Santamaría es la niña de Rajoy. Ahora ya lo sabemos.