Hoy he cumplido 32 años. Siempre decía que me gustaba cumplir años, que era señal de experiencia, una buena señal. Hasta este año. En el que me he dado cuenta de que la experiencia vale más bien poco y que nos pasamos la vida improvisando ante nuevas situaciones que nunca sabemos muy bien cómo afrontar. Y que, a trompicones, torpemente, afrontamos.
Cumplir años es eso. Cumplir años. Darte cuenta de tus equivocaciones del pasado y prometerte que no lo volverás a hacer. Que a partir de hoy, te portarás bien. En eso se parece un poco al uno de enero. Pasas el día entre llamadas y felicitaciones y lo acabas no sin cierta melancolía pensando que el tiempo pasa y que aquellas cosas que dijiste que ibas a hacer, siguen ahí, cogiendo polvo en el cajón de las intenciones. Te parece tarde para casi todo…

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